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Las fumigaciones aéreas

Como parte de una estrategia tendiente a reducir la oferta de drogas, en Colombia se están fumigando los cultivos ilícitos desde la década del 70. Se comenzó fumigando los cultivos de marihuana, posteriormente los de amapola y finalmente la coca usándose a lo largo de todos estos años diferentes tipos de herbicidas. Durante la última década han sido asperjadas más de 200 mil hectáreas de coca y unas 60 mil de amapola, para lo cual se han utilizado más de tres millones de litros de glifosato. Después de casi un cuarto de siglo de erradicación aérea, ha quedado demostrada la ineficacia de esta estrategia, que no solamente no ha conseguido reducir los cultivos ilícitos sino que de hecho ha contribuido a que se incrementen significativamente. La estrategia de reducción de la oferta y de modo particular la fumigaciones, han conseguido poner así en marcha un círculo vicioso de destrucción que contamina el ambiente y desplaza los cultivos bosque adentro acelerando la deforestación, cultivos que serán a su vez fumigados, reiniciándose una y otra vez el ciclo.
Por otra parte, en Colombia la actividad de erradicación hace parte de una estructura de guerra. Es decir, no se trata solamente de una actividad que contempla consideraciones puramente técnicas alrededor de los herbicidas, impactos ambientales, etc, sino que contiene en sí misma una logística y unas medidas de seguridad propias de la guerra. Las naves fumigadoras van acompañadas de helicópteros cuya función es, en primer lugar, suministrar apoyo de seguridad, que en algunas zonas se inicia con el ametrallamiento de las áreas aledañas a los cultivos causando terror entre las comunidades.

El gobierno Colombiano, todavía no tiene estudios creíbles que les permitan concluir que la fumigación no afecta el ambiente o la salud humana. Recientemente un estudio realizado por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de Estados Americanos, CICAD-OEA, concluyó que el glifosato y el Cosmo-flux (sustancias usadas para la fumigación) de la forma como se estaban usando “no representaba un riesgo significativo para la salud humana” y que los riesgos para el ambiente eran pocos o nulos. Sin embargo, el estudio reconoció que “las exposiciones de humanos al glifosato bajo las condiciones de uso no se pudieron medir directamente en los cultivadores de cultivos ilícitos”, que para la exposición a organismos acuáticos “se desconoce la frecuencia de presentación y la magnitud en la que sucede, y no había datos disponibles sobre la proximidad de las aguas superficiales a los cultivos de coca”.

Lo anterior evidencia que en Colombia aún hacen falta las investigaciones necesarias para concluir que efectivamente no se causan daños ambientales o en la salud humana.

Adicionalmente, una buena parte de la literatura internacional, incluso de aquella que defiende la baja toxicidad del compuesto, ha reconocido que los datos con los que se cuenta respecto de los efectos de la utilización del herbicida no son suficientes y que es necesario continuar con las investigaciones en areas de determinar en definitiva el grado de toxicidad de éste. De este modo, en la actualidad no se puede sostener, como lo hacen las autoridades encargadas del programa de erradicación, que el Glifosato no es nocivo para la salud. Tal situación constituye una amenaza a la seguridad alimentaría (C.P, 65), definida como “el grado de garantía que debe tener la población, de poder disponer y tener acceso oportuno y permanente a los alimentos que cubran sus requerimientos nutricionales, tratando de reducir la dependencia externa y tomando en consideración la conservación y equilibrio del ecosistema para beneficio de las generaciones futuras.”

A la falta de claridad técnica y científica sobre los efectos del Glifosato en la salud hay que agregar el hecho de que, como se mencionó, en el país se emplea el Glifosato en combinación con otras sustancias químicas, tales como el Cosmo Flux y el POEA. Si bien dicha mezcla fue clasificada recientemente por el Ministerio de Salud como Medianamente Tóxica (categoría III), todavía no se conocen sus efectos.
La incertidumbre respecto a los posibles efectos en el desarrollo fetal causados por el uso de herbicidas como el Glifosato en el programa de erradicación, se recuerda que herbicidas como el Paraquat y el Glifosato se han considerado como posibles teratógenos, es decir, causantes de anormalidades en el desarrollo fetal. En este sentido, se ha pensado en la posible relación de las fumigaciones con químicos en el país y el aumento de las malformaciones congénitas en ciertas zonas donde se ha ejecutado el mencionado programa.

Con respecto a sus consecuencias en plantas y suelos, la información sobre el movimiento y la persistencia del glifosato en suelos es variada. Se afirma que es casi inmóvil en suelos, permaneciendo en las capas superiores y siendo poco propenso a la percolación y con bajo potencial de escorrentía. No obstante, otras investigaciones han concluido que el glifosato puede ser fácilmente desorbido en algunas clases de suelo, es decir, que se puede soltar de las partículas pudiendo entonces ser muy móvil. Dosis subletales de glifosato arrastradas por el viento (deriva) dañan flores silvestres y pueden afectar algunas especies a más de 20 metros del sitio asperjado.

La Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, CODHES, en desarrollo del monitoreo del Plan Colombia en la frontera colombo-ecuatoriana, publicó en octubre de 2003 un Informe sobre fumigaciones, desplazamiento y derechos humanos, en el que se concluye que las fumigaciones por aspersión aérea han provocado más desplazamiento de población, ampliado las zonas del conflicto armado, diseminado las plantaciones de coca en nuevas regiones y vulnerado el derecho a la alimentación de las comunidades. El estudio hace un análisis comparativo en lo relacionado con el número de hectáreas cultivadas, fumigadas, efectos del Plan Colombia, desplazamiento forzado y solicitud de refugio hacia el Ecuador.

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La historia de las fumigaciones aéreas en Colombia:

El Glifosato

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